14 ene 2011

Crónica de un retorno muy esperado

El pasado domingo se produjo lo que llevaba esperando desde el día en el que el médico me dio la buena noticia. Participar de nuevo en una carrera. Concretamente en la 10K Valencia, que además organiza el Blue Line.

Todo empezó el viernes con la feria del corredor. Mucha faena por delante que se supo llevar con la ilusión por hacerlo lo mejor posible. Durante la mañana del sábado tuve la oportunidad de conocer en persona y charrar un momento con Marcel Zamora, y de hacerme una foto con Chema Martínez.

Era sábado por la noche y el balance sobre la feria del corredor era muy positivo. Sólo quedaba llegar a casa y descansar para poder correr bien el domingo.

Domingo 9 de enero 2011. (Día de la carrera)

Eran las 7:30 de la mañana y ya estaba despierto antes de lo previsto. Tenía tantas ganas y tanta ilusión por volver a participar en una carrera, que los nervios pudieron conmigo despertándome. Me levanté y desayuné lo típico de los días de carrera: zumo de naranja, plátano y dos tostadas con aceite y sal. Todo mientras escuchaba la música de mi iPod para despertarme con más ganas. He de decir que no sólo me desperté, sino que también me llegue a emocionar por un momento mientras preparaba la bolsa. Y es que después de "la prohibición total de las carreras y de toda competición de por vida" y del accidente, a uno los sentimientos le salen solos.

9:00. Ya estaba en el Paseo de la Alameda y ya había ambiente. La gente llegaba en grupos, con ilusión. No tardé mucho en encotrarme a amigos y gente conocida. Al llegar a la zona de guardarropa, me junté con unos amigos del Blue y después de cambiarme y hacer el ritual del radio salil y la vaselina nos pusimos a estirar y calentar. Cada vez quedaba menos para el pistoletazo de salida.

09:45. Ya estábamos dentro de los cajones de salida. en concreto, en el Sub'45. No llevaba pulsómetro, pero notaba el pulso acelerado. Los nervios. Al igual que en el resto de carreras, se notaba un olor a Réflex y Radio Salil en el ambiente y se podía escuchar los pitidos de los pulsómetros que se configuraban.

10:00. Pistoletazo de salida. Las sensaciones eran muy buenas y la ilusión era mayor. Todo iba muy bien. El primer kilómetro fue a 4:17 y el segundo a 4:25. A partir de ahí las piernas ya no me iban igual que antes. Sólo había entrenado unos 20 días, tenía el soleo algo cargado y había estado parado seis meses. No me podía pedir más ni machacarme. En ese momento, el objetivo era acabar bien la carrera. Y así fue. El pulso y la respiración iban genial, pero las piernas muy mal, a veces costaba aguantar el ritmo. Los parciales de los kilómetros fueron cayendo poco a poco. El más lento fue de 5:32. Pero bueno, era normal. Al final acabé apretando en el último kilómetro y llegué en 51:13 tiempo oficial. Además con unas palabras de Joxe, el speaker, que me dieron ese último empujoncito.

Lo había hecho. Había acabado la 10K en el tiempo que me imaginaba (no el que quería). En ese momento tenía las piernas muy cargadas. De hecho, hoy viernes todavía me tira un poco el soleo. Aun así, estaba super satisfecho. Los amigos del Blue Line y de otros equipos que conocían la situación me daban la enhorabuena. Me emocioné.

Sin duda fue una mañana muy completa. Si hay alguna frase que resuma aquella mañana, sin duda es:

"El sufrimiento es momentáneo, pero la gloria es eterna"


¡MIL GRACIAS A TODOS POR VUESTRO APOYO DURANTE TODO ESTE TIEMPO!

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